EL ORIGEN DE TODO. IV: PERFILANDO EL WORLBUILDING

Aquí estamos. Con una historia que se va desarrollando poco a poco y un escenario en el que se van definiendo los distintos elementos, sin prisa pero sin pausa. Diferentes culturas, diferentes naciones, diferentes géneros y sexualidades…

Al mismo tiempo que trabajo en el presente narrativo, voy ampliando el trasfondo histórico. Poco a poco voy llenando y cubriendo de músculos y piel lo que en el principio no era más que un esqueleto y voy componiendo una crónica bastante detallada de Duniya, desde el Fin de la Era de las Ciudades hasta el momento en que empieza la novela. En esos seis mil años futuros que voy creando incluyo algún cataclismo que otro, varis guerras, diversos lugares y culturas, hago interactuar unos países con otros…

Muy poco de todo eso se verá en la novela. Pero cuando más denso sea el pasado de mi escenario ficticio, más real va a parecer este, o al menos esa es mi intención. Al establecer unos cimientos firmes y, por tanto, contextualizar históricamente el presente narrativo, intento que la textura de este sea más plausible e interesante.

También trabajo en otras cosas. Defino los idiomas con más detalle, sobre todo el tegnekar, el tamashil y el qanramí. Como he comentado en otra parte, con el tiempo Tamashi se convertirá en Iratembe y el tamashil en tembelí. Pero no desaprovecho los nombres antiguos. Decido usarlos para una región al noreste de Duniya, lo que me da la posibilidad de incorporar nuevos elementos a las crónicas y al pasado del mundo.

Y llega el momento de intentar crear un alfabeto ficticio. Mi primer intento no es que sea gran cosa. Lo creo totalmente a mano y son caracteres muy esquemáticos con cierta inspiración hebrea. En cierto modo parecen la versión rúnica de un alfabeto inspirado en el hebreo.

Aquí tenéis una muestra. No del alfabeto creado a mano sino del que diseñé posteriormente partiendo de este y convertí en una fuente tipográfica:

Confieso que no estoy muy satisfecho con ese primer intento. Pero de momento es cuanto logro conseguir. Decido aparcar la cuestión, a ver si más adelante se me ocurren alternativas.

Algún tiempo después incorporo a Juanma Barranquero a los lectores betas de la novela y le paso las notas que tengo sobre los diferentes idiomas. Conozco a Juanma desde hace tiempo y sé que agitarle delante un idioma ficticio y pedirle que no se involucre en él es absurdo. De hecho, no tarda en entusiasmarse con el qanramí y en ponerse a crear, partiendo de mi esbozo inicial, una gramática y una fonética detalladas, entre otras cosas.

Hablando con él le menciono del tema de los alfabetos. Y en el transcurso de una de esas conversaciones doy con una herramienta online que permite crear fuentes tipográficas definidas por el usuario. No recuerdo si la encuentro por mí mismo o es Juanma quien me pone sobre la pista. Seguramente lo segundo.

Antes de que me dé cuenta estoy diseñando un nuevo alfabeto qanramí. Lo hago con calma, con mimo y con detalle y acabo obteniendo algo que me satisface bastante más que mi intento original:

Para entonces, ya estoy desatado, así que no tardó en crear dos nuevos alfabetos. Uno para el tegnekar:

Y otro para el tamashil (futuro tembelí):

Por último, creo un sistema de escritura para el yajimaro, mucho más simple que los otros, ya que se compone de solo cinco símbolos:

Mantengo mi primer intento y lo incorporo como un alfabeto primigenio para el qanramí, antes de que se desarrollase el actual, mucho más elegante.

En cuanto a por qué cada sistema de escritura tiene ese aspecto, es sencillo:

  • El qanramí tiene una sonoridad inspirada en el árabe, así que quería que el alfabeto también tuviera un cierto aire arábigo.
  • Volkenskap es un lugar sumamente tecnificado, así que quería un sistema de escritura lleno de ángulos y aristas. Me parecía apropiado.
  • Tamashi era de inspiración japonesa y quise que su alfabeto recordase un poco al coreano.
  • En cuanto a los yajimaros, digamos que tienen una íntima relación con ciertos polinucleótidos y que en ellos han basado sus símbolos de escritura.

* * *

Lo que luego sería La simiente de la Esquirla, el primer volumen de la novela, avanzaba a buen ritmo. La historia empezaba a salir de Volkenskap y a abrirse a otros escenarios; la trama se bifurcaba a medida que los destinos de algunos personajes se separaban. La historia iba poco a poco tomando forma, tanto en el presente como en el pasado.

Había empezado a escribir con un pensamiento muy obvio: o me estrello o remato. Para entonces me parece claro que no me voy a estrellar. Tengo la a sensación de que voy por buen camino, de  que estoy consiguiendo lo que quiero y que, independientemente de la recepción que vaya a tener por parte de los lectores, estoy escribiendo una novela de la que me voy a sentir orgulloso y, además, voy a conseguir llevarla a buen puerto.

Los siguientes meses serán febriles. Desde setiembre de 2018 a junio de 2019 estoy escribiendo sin parar, casi incapaz de pensar en otra cosa, viendo la historia tomar forma frente a mis ojos, pasándola al papel, revisándola, cambiando ciertas cosas, eliminando esto y añadiendo lo otro. Cuando me detengo, allá por agosto de 2019, he recorrido tres cuartas partes del camino y lo que me queda parece bastante claro.

(CONTINUARÁ)

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