El Ciclo Biológico Nabatí

Aunque el concepto de tecnología, tal como se entiende habitualmente, no es aplicable a los nabatíes, nos ha parecido procedente comentar aquí las principales peculiaridades de su biología y fisiología, ya que estas marcarán profundamente su relación con el entorno, especialmente a la hora de desarrollar los utensilios necesarios para la vida diaria.

La polinización es el proceso mediante el cual el simbionte vegetal extrae del anfitrión humano un óvulo y lo deposita en una microvaina epidérmica donde será fecundado por espermatozoides extraídos por un método similar y trasladados por un sistema de capilares hasta los filidios del simbionte de la piel.

La polinización puede darse entre un solo individuo, dado que los nabatíes son hermafroditas funcionales, o entre varios. En el último caso y dependiendo del número de individuos involucrados en la polinización, pueden participar en el proceso diversos óvulos y espermatozoides de distintos donantes. De hecho, no es infrecuente en una polinización múltiple que el mismo individuo que aporta un óvulo para ser fecundado fecunde a su vez el óvulo de otro participante.

Una vez producida la fecundación, el embrión resultante permanece con el progenitor portador unas seis semanas en el interior de la microvaina. Pasado este tiempo, el progenitor se internará en Gabat Almazar hasta llegar al Corazón del Bosque, donde extraerá la vaina, que en ese momento mide unos diez centímetros de largo, y la depositará en el tronco del padreárbol, donde arraiga hasta hundirse por completo en la corteza. Allí permanece los siguientes diez meses, alimentándose de la savia del padreárbol, que la vaina procesa y transforma para que pueda nutrir al feto.

Pasado este tiempo, la vaina eclosiona y el recién nacido se arrastra hasta el exterior, donde a los pocos minutos entrará en simbiosis con algunas de las numerosas especies que pueblan el Corazón del Bosque. Su piel no tarda en quedar cubierta de una delgada capa vegetal y, con el tiempo, algún tipo de hierba o de arbusto germinará en su cabeza.

Desde ese momento y hasta los trece años, el joven nabatí recibe el nombre de brote. Se trata de criaturas silvestres, escasamente racionales y territoriales hasta extremos exagerados. En cuanto se completa la simbiosis abandonan el Corazón del Bosque y se internan en la espesura, donde lucharán por ser aceptados en alguno de los numerosos clanes existentes. Se han dado casos de brotes sin adscripción a clan alguno que han sobrevivido hasta la etapa de plantón, pero es algo poco frecuente. La competencia es feroz y la mortalidad entre los brotes, muy elevada. La pertenencia a un clan incrementa de forma considerable las posibilidades de supervivencia.

Los brotes son sumamente feroces con los intrusos. Se han conocido casos de clanes que han llegado a colaborar, pero en general mantienen una competencia encarnizada por los recursos. Son especialmente violentos cuando detectan la presencia de un plantón o de un joven arbusto, si bien procuran mantenerse alejados de los rizomas y jamás se ha sabido que atacasen a un arbusto en estado de gestación. Curiosamente suelen ignorar a los alajuajid, el término que los nabatíes usan para referirse al resto de los humanos.

A los trece años el joven nabatí pasa al estado de plantón. Es entonces cuando toma la primera decisión importante de su vida: elegir cuál será el simbionte en su cabeza. Esta decisión no es meramente ornamental, ya que la especie de hierba o arbusto elegida modificará su carácter y personalidad, a veces de forma radical.

Si como brote ha vivido siempre en la parte más profunda de Gabat Almazar, como plantón se traslada a la periferia. Pierde entonces buena parte de su salvajismo y se transforma en una criatura sumamente sociable, llena de curiosidad y ansias de conocimiento.

El tiempo que tarda en pasar a la siguiente fase de su desarrollo es muy variable. No hay una alteración fisiológica perceptible entre un plantón y un arbusto y el cambio es más social que fisiológico. A partir del momento en que el plantón decide dejar el bosque se lo considera un arbusto (y, como tal, un adulto) a todos los efectos.

La mayoría de ellos se dirigen a Nabati-Madi, aunque se sabe de jóvenes arbustos que se han encaminado al norte o al sur y nunca han entrado en contacto con la ciudad de los canales. Se han dado también casos de plantones que nunca abandonan Gabat Almazar y pasan allí toda su vida.

Durante su etapa como arbusto, el nabatí intentará reproducirse tan a menudo como sea posible, ya sea autopolinizándose cuando no encuentra compañeros adecuados, ya sea mediante la ceremonia nocturna de la Respiración Sincronizada, en la que interactuará con uno o varios individuos. La complejidad que pueden llegar a alcanzar esas relaciones sexuales es elevada y los lazos afectivos y emocionales que se crean en su transcurso dan lugar a complicadas estructuras familiares.

En los siguientes cuarenta y cinco o cincuenta años, el nabatí irá cambiando muy lentamente. En el paso de brote a plantón, el simbionte vegetal de su piel ha ido pasando del amarillo al verde, y durante su vida adulta ese verde se irá volviendo poco a poco marrón. La textura del simbionte cambiará también con el tiempo, hasta que deje de parecer una alfombra musgosa y adopte la apariencia de la corteza.

En ese momento se considera que el nabatí ha alcanzado el estado de rizoma, lo que le granjea inmediatamente el respeto de cuantos lo rodean y le proporciona un estatus muy elevado. Se supone que los rizomas son los únicos que hablan con el padreárbol. Solo ellos y los arbustos en estado de gestación pueden internarse en Gabat Almazar completamente seguros de que los brotes salvajes no caerán sobre ellos y los despedazarán. Y los segundos, una vez depositada la microvaina en el tronco del padreárbol, pierden todo interés por permanecer en la selva.

Además, solo los rizomas hablan el idioma de la red de comunicación del padreárbol. El conocimiento de ese lenguaje está implantado en la molécula de la vida del simbionte vegetal que arraiga en la cabeza de los nabatíes, pero este no libera esa información hasta que su portador pasa de arbusto a rizoma.

La transformación definitiva a ese estado implica la pérdida completa de los órganos sexuales y reproductores. Pene, vagina, testículos y ovarios desaparecen. Los órganos externos se marchitan y se desprenden del cuerpo, los internos son absorbidos por el organismo. En apariencia, el rizoma carece de sexo, tanto en el sentido puramente fisiológico como en el psicológico, en un proceso que conlleva ciertos cambios drásticos en las apetencias, deseos e inclinaciones del rizoma. Podría pensarse por tanto que a partir de ese momento su existencia es, desde un punto de vista puramente evolutivo, superflua.

Sin embargo, eso no es el todo cierto. Como tampoco lo es la idea de que los rizomas carecen de sexo o de apetencias sexuales. En el momento del cambio, tanto los óvulos como los espermatozoides existentes en su cuerpo son absorbidos por el simbionte de la corteza, que los encapsula y los preserva durante tanto tiempo como sea necesario. Podríamos decir que el sexo del rizoma entra en una fase de letargo, en espera del acontecimiento que vuelva a activarlo de nuevo. Qué acontecimiento es ese lo veremos a continuación.

Con el transcurso de los años, el rizoma va perdiendo la movilidad, hasta que finalmente acaba arraigando en alguna parte y se transforma en un silente. La mayoría echan raíces en Gabat Almazar (y los más afortunados lo hacen en el Corazón del Bosque), pero no es extraordinario que lo hagan en Nabati-Madi o incluso en lugares bastante alejados tanto de la ciudad como del bosque. Una vez que arraigan se integran en la red de información del padreárbol. En ese momento han cambiado tanto que, en cierto modo, ya no se les puede considerar un organismo colonial formado por la simbiosis de diferentes especies, sino que a todos los efectos se han convertido en una nueva especie, híbrida, que retiene características tanto animales como vegetales.

Cuando el rizoma se transforma en silente y arraiga, los espermatozoides y óvulos encapsulados se activan de nuevo, con lo que el nabatí es sexualmente funcional una vez más y puede polinizar y ser polinizado. De hecho, se sabe que los silentes se fecundan unos a otros con cierta frecuencia lanzando al aire óvulos o espermatozoides envueltos en una vaina vegetal. También son conocidos casos de adultos fecundados por silentes y viceversa.

Los frutos de estas relaciones suelen ser viables y, al contrario que el resto de los nabatíes, no pasan su periodo de gestación en la corteza del padreárbol, sino en la de su progenitor silente. En cuanto al aspecto que tienen, ningún alajuajid y muy pocos nabatíes los han visto nunca; al parecer jamás salen de Gabat Almazar ni se relacionan con el mundo exterior.

Un óvulo nabatí puede ser fecundado por un espermatozoide alajuajid (y viceversa) y el embrión resultante resulta viable la mayoría de las veces, pero en muy pocas ocasiones el feto ha conseguido llegar al final de la gestación y en esos casos el resultado ha sido un individuo enfermizo con evidentes carencias enzimáticas que nunca pasa de la infancia.

Se ha intentado también por diversos medios que un alajuajid alcance la simbiosis con los elementos vegetales de Gabat Almazar, pero el simbionte nunca arraiga en la piel y se agosta a los pocos días, dejando un anfitrión humano con graves problemas dérmicos.

Los científicos han especulado durante mucho tiempo sobre qué tipo de alteración ha permitido que los humanos de Nabati-Madi simbioticen con elementos vegetales a un nivel tan íntimo; y, sobre todo, cuál fue el proceso que dio lugar a tal alteración. Hasta el día de hoy sigue sin saberse con exactitud cómo ocurrió.

Muchos se limitan a decir que la Esquirla cambió la fisiología de los humanos de Nabati-Madi y no le dan más vueltas al asunto. Sin embargo, la Esquirla ha sido usada tantas veces como comodín para explicar lo inexplicable que ha dejado de tener la menor validez. Existe una hipótesis más arriesgada que, a la luz de los acontecimientos del Hueco al Final del Mundo, se ha revelado como muy probable. De ella hablaremos al analizar las consecuencias que tuvo para el mundo la Expansión de la Esquirla.